Si la palabra "análisis" debe tener un sentido tocante a la infancia, es necesario decir que se analiza mejor una infancia mediante ensueños que mediante hechos. Creemos que tiene sentido hablar de análisis poético del hombre. Los psicólogos no lo saben todo. Los poetas proyectan otras luces sobre él.
Al meditar sobre el niño que fuimos, más allá de toda historia de familia, después de haber superado la zona de la pena, después de haber dispersado todos los espejismos de la nostalgia, alcanzamos una infancia anónima, un puro hogar de la vida, de vida primera, de vida humana primera. Y, volvamos a subrayarlo, esta vida está en nosotros, queda en nosotros. Un sueño nos lleva a ella. El recuerdo se limita a abrir otra vez la puerta del sueño. Allí está el arquetipo, inmutable, inmóvil bajo la memoria, inmóvil bajo los sueños. Y cuando gracias a los sueños, hemos hecho revivir la potencia de arquetipo de la infancia, todos los grandes arquetipos de las potencias paternas y de las potencias maternas retoman su acción. El padre está allí, también él inmóvil. La madre está allí, también ella inmóvil, ambos escapados del tiempo; Y todo cambia: el fuego de antes es un fuego distinto del fuego de hoy. Todo lo que la infancia acoge tiene una virtud de origen. Y los arquetipos siempre serán orígenes de imágenes poderosas.
Gaston Bachelard, Poética de la Ensoñación
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10.5.07
THERE'S ...::Sanctity::...
15.4.07
THEY ...::Soledad::...
Los domingos me toca ir a llorarle las penas a la Cineteca Nacional. Hoy fué a ver ésta joya, en la que el Roque Suazo, interpretado por Pedro Arméndariz y Arturo de Córdova como el dr. Alberto Robles nos deleitan en pantalla con un pueblo en el que el doctor siempre tiene que ver por sus semejantes, donde lo único que le da de comer es el soñar despierto frente a las estrellas, a lado de la mujer que ama y que el destino le hará ver morir. Francamente lloré como pocas veces y al final de la película no dejaba de pensar "Esos eran hombres, ¡Chingá!"
Un outcast, un hombre que busca el exilio, con una última purificación de fuego, así es el fuego, purifica. La pureza de un hombre que no quiere matar cristianos en honor a su fallecida madre, muerta por la ignorancia inherente de un pueblo.
El momento de perdición carnal, debajo de un puente, donde nunca llega la luz, es un embelesamiento en círculos al que sólo podrá caer la que cayó con los ojos zarcos de un dueño de potreros romántico y justiciero, que por faldas pierde.
No creo que alguna película mexicana me haya dejado tan impactado, bueno, tal vez Nazarín que será proyectada, si no mal recuerdo el miércoles; he de ir. Pero la melancolía de hoy nadie me la quita. El momento en que está Stella Inda recostada viendo llegar al hombre de un plano angélico es brutal, comprendí la luz de las iglesias de la ciudad donde nací, comprendí que esas iglesias se ven mejor en ruinas.
Con la bella fotografía de Gabriel Figueroa, tomando una Iglesia devastada, oscura y presagiosa con la luz que acompaña al médico resulta un elixir visual, todo antes de la debacle. El héroe falla ante la brutal paciencia que se necesita para entrar a las ciudades y vuelve a su lugar de origen. La última caída antes de la verdadera subida antes del último plano de Alelluyas de fondo.
Una belleza, pues. . . .
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En otras noticias, me trajeron éste de NYC, para que me temblaran las tripas de emoción. . . PURO AMOR!!!
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