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5.6.08

Parece entonces que por su “inmensidad”, los dos espacios, el espacio de la intimidad y el espacio del mundo se hacen consonantes. Cuando se profundiza la gran soledad del hombre, las dos inmensidades se tocan, se confunden.

Gastón Bachelard en La poética del espacio.

10.5.07

THERE'S ...::Sanctity::...

Si la palabra "análisis" debe tener un sentido tocante a la infancia, es necesario decir que se analiza mejor una infancia mediante ensueños que mediante hechos. Creemos que tiene sentido hablar de análisis poético del hombre. Los psicólogos no lo saben todo. Los poetas proyectan otras luces sobre él.

Al meditar sobre el niño que fuimos, más allá de toda historia de familia, después de haber superado la zona de la pena, después de haber dispersado todos los espejismos de la nostalgia, alcanzamos una infancia anónima, un puro hogar de la vida, de vida primera, de vida humana primera. Y, volvamos a subrayarlo, esta vida está en nosotros, queda en nosotros. Un sueño nos lleva a ella. El recuerdo se limita a abrir otra vez la puerta del sueño. Allí está el arquetipo, inmutable, inmóvil bajo la memoria, inmóvil bajo los sueños. Y cuando gracias a los sueños, hemos hecho revivir la potencia de arquetipo de la infancia, todos los grandes arquetipos de las potencias paternas y de las potencias maternas retoman su acción. El padre está allí, también él inmóvil. La madre está allí, también ella inmóvil, ambos escapados del tiempo; Y todo cambia: el fuego de antes es un fuego distinto del fuego de hoy. Todo lo que la infancia acoge tiene una virtud de origen. Y los arquetipos siempre serán orígenes de imágenes poderosas.

Gaston Bachelard, Poética de la Ensoñación

5.5.07

THE ...::Childhood::...

Ya que la imagen de un poeta es una imagen hablada, no una imagen vista por nuestros ojos. Un rasgo de la imagen hablada basta para que leamos el poema como el eco de un pasado desaparecido.

Hay que embellecer para restituir. La imagen del poeta le vuelve a dar una aureola a nuestros recuerdos. Estamos muy lejos de una memoria exacta que pudiera conservar el recuerdo puro encuadrándolo.

Gaston Bachelard, Poética de la Ensoñación


ESTA FUÉ LA ENTRADA 222

ON ...::Childhood::...

El niño interrogado, examinado por el psicólogo adulto, seguro de su conciencia de animus, no entrega su soledad. La soledad del niño es más secreta que la soledad del hombre. A menudo descubrimos muy tarde en la vida, en toda su profundidad, nuestras soledades infantiles, las soledades de nuestra adolescencia. En el último cuarto de vida comprendemos las soledades del primer cuarto, al repercutir las soledades de la edad anciana sobre las olvidadas soledades de la infancia.

El niño soñador es un niño solo, muy solo. Vive en el mundo de su ensoñación. Su soledad es menos social, menos dirigida contra la sociedad, que la soledad del hombre. El niño conoce una ensoñación natural de la soledad, una ensoñación que no hay que confundir con la del niño enfurruñado. En esas felices soledades, el niño soñador conoce la ensoñación cósmica, la que nos une al mundo.

Gaston Bachelard, Poética de la Ensoñación

1.5.07

FRANCISCO ...::memoire::...

Sólo cuando el alma y el espíritu están unidos en una ensoñación por la ensoñación nos beneficiamos de la unión de la imaginación y la memoria . Sólo dentro de tal unión podemos decir que revivimos nuestro pasado, que nuestro ser pasado se imagina que revive.

Gaston Bachelard, Poética de la Ensoñación

26.4.07

IF ...::Childhood::...

Esas soledades de hoy nos devuelven a nuestras soledades primeras. Éstas ,soledades de niño, dejan algunas marcas imborrables. Toda la vida está sensibilizada por la ensoñación poética, por una ensoñación que sabe el precio de la soledad. La infancia conoce la desdicha gracias a los hombres. En la soledad puede distender sus penas. El niño se siente hijo del cosmos cuando el mundo de los hombres lo deja en paz. Y así como en la soledad, cuando es señor de sus ensoñaciones, el niño conoce la dicha de soñar que será más tarde la dicha de los poetas.

Gaston Bachelard, Poética de la Ensoñación

25.4.07

STILL ...::Rosarium Philosophorum::...



Un solo cuerpo dominado por dos cabezas coronadas. Hermoso símbolo de la doble exaltación de la androginidad. La androginidad no está hundida en alguna animalidad indistinta, en los orígenes oscuros de la vida. Es una dialéctica de la cima. Muestra, viniendo de un mismo ser, la exaltación del animus y del anima. Prepara las ensoñaciones asociadas de lo sobre-masculino y lo sobre-femenino.

Gastón Bachelard, Poética de la Ensoñación

I'M ...::anima::...

Una de las funciones de la ensoñación consiste en liberarnos de los fardos de la vida. En nuestra anima está activo un verdadero instinto de ensoñación y este instinto de ensoñación le asegura a la psiquis la continuidad de su reposo. Nuestra única tarea aquí está relacionada con la psicología de la idealización. La poética de la ensoñación de be darle cuerpo a todas las ensoñaciones de idealización. No basta, como suelen hacer los psicólogos , considerarlas como escapatorias fuera de lo real. La función de lo irreal encuentra su empleo sólido en una idealización muy coherente , en una vida idealizada que le da calidez al corazón y un dinamismo real a la vida. El ideal de hombre proyectado por el animus de la mujer y el ideal de mujer proyectado por el anima del hombre son fuerzas flexibles que pueden superar los obstáculos de la realidad. La gente se ama con el mayor idealismo, encargándole al otro que realice la idealidad tal cual él la sueña. Así, en el secreto de las ensoñaciones solitarias se animan, no las sombras sino los resplandores que iluminan el alba de un amor.

Gastón Bachelard, Poética de la Ensoñación

24.4.07

BUT ...::Imagen::...

La imagen sólo puede ser estudiada mediante la imagen, soñando las imágenes tal como se reunen en la ensoñación. Es una falta de sentido pretender estudiar objetivamente la imaginación, puesto que no recibimos realmente la imagen si no la admiramos. Ya cuando comparamos una imagen con otra, corremos el riesgo de perder la participación en su individualidad.

Gaston Bachelard, Poética de la Ensoñación