I'm addicted to t-shirts.Thus, I conclude:
"People bring joy into this room. Some by entering, some by leaving"
Si la palabra "análisis" debe tener un sentido tocante a la infancia, es necesario decir que se analiza mejor una infancia mediante ensueños que mediante hechos. Creemos que tiene sentido hablar de análisis poético del hombre. Los psicólogos no lo saben todo. Los poetas proyectan otras luces sobre él.
Al meditar sobre el niño que fuimos, más allá de toda historia de familia, después de haber superado la zona de la pena, después de haber dispersado todos los espejismos de la nostalgia, alcanzamos una infancia anónima, un puro hogar de la vida, de vida primera, de vida humana primera. Y, volvamos a subrayarlo, esta vida está en nosotros, queda en nosotros. Un sueño nos lleva a ella. El recuerdo se limita a abrir otra vez la puerta del sueño. Allí está el arquetipo, inmutable, inmóvil bajo la memoria, inmóvil bajo los sueños. Y cuando gracias a los sueños, hemos hecho revivir la potencia de arquetipo de la infancia, todos los grandes arquetipos de las potencias paternas y de las potencias maternas retoman su acción. El padre está allí, también él inmóvil. La madre está allí, también ella inmóvil, ambos escapados del tiempo; Y todo cambia: el fuego de antes es un fuego distinto del fuego de hoy. Todo lo que la infancia acoge tiene una virtud de origen. Y los arquetipos siempre serán orígenes de imágenes poderosas.
Gaston Bachelard, Poética de la Ensoñación
Las estaciones del recuerdo son eternas porque son fieles a los colores de la primera vez . Todos los veranos de nuestra infancia dan testimonio del 'eterno verano'- - - - - -¡Cuántas abuelas toman a su nieto por un tonto! Pero el niño pícaro atiza la manía de contar, las sempiternas repeticiones la vieja narradora. La imaginación del niño no vive de esas fábulas fósiles, de esos fósiles de fábulas. El niño encuentra sus propias fábulas. El niño encuentra sus propias fábulas, que no le cuenta a nadie, en su propia ensoñación. Entonces la fábula es la vida misma.
Gaston Bachelard, Poética de la Ensoñación
El niño interrogado, examinado por el psicólogo adulto, seguro de su conciencia de animus, no entrega su soledad. La soledad del niño es más secreta que la soledad del hombre. A menudo descubrimos muy tarde en la vida, en toda su profundidad, nuestras soledades infantiles, las soledades de nuestra adolescencia. En el último cuarto de vida comprendemos las soledades del primer cuarto, al repercutir las soledades de la edad anciana sobre las olvidadas soledades de la infancia.
El niño soñador es un niño solo, muy solo. Vive en el mundo de su ensoñación. Su soledad es menos social, menos dirigida contra la sociedad, que la soledad del hombre. El niño conoce una ensoñación natural de la soledad, una ensoñación que no hay que confundir con la del niño enfurruñado. En esas felices soledades, el niño soñador conoce la ensoñación cósmica, la que nos une al mundo.
Gaston Bachelard, Poética de la Ensoñación