Me reconcilio con la fragmentación. Uno los pedazos a través de imaginación Rimbaudesqueana. . . Caminé del Pasagüero, al que no me dieron ganas de entrar pues no quise arruinar la noche a mis amigos, a mi casa. Yo sólo quería escuchar a Leonard Cohen y entonces emprendí la caminata. Todo Izazaga hasta la estación Cuauhtémoc donde viré a la izquierda. It was an "eye", not an "I" as Woolf would have said.
Mi fantasma recogió los pedazos de una ciudad que reconstruyo a diario en un juego de serpientes y escaleras. No así ayer en que fue constancia lo que me dejó en mi casa; casilla a casilla sin saltos en el tablero del flanêur, recorrí todos los pasos que se necesitaban para ir desde el mentado lugarcito de reunión de las juventudes alternativoactivodemocraticulturales, hasta la silente colonia Narvarte. El león de la estación Etiopía desde fuera visto, es el legado del pequeño desierto mental que acabo de recorrer ; pienso. La soledad del paseante y una cámara, en la mirilla de algún policía, taquero o asaltante es sin duda uno de los paisajes más comunes de soledad en las madrugadas y las juventudes de nuestro asfalto mexicano. Ya sea de la Roma a San Jerónimo cargando ataúdes y viniles, o desde Motolinía hasta Luz Saviñón con una réflex, el fantasma es el mismo. Es un mismo panfleto de necesidad que se entrega como postal post-borrachera a todo turista ajeno a las horas fiesta de una ciudad que no cesa de mostrar soledades. La perpetuidad de una caminata no esta en lo que se reflexiona, sino en las ampollas que eventualmente la banqueta nos marca como retratos de la necedad de no tomar un taxi. Ciento veinte probables pesos de charla sobre el descenso a la primera A o del clima los últimos días. . .
Mis pies aguardan el reposo y lo obtienen con el cd (que triste se ve lo anterior) recién quemado (aún peor) de una reina que ha muerto. Cambié de opinión respecto a qué quiero esuchar luego de pasear por la incontable cantidad de permisos de construcción otorgados por el delegado. El canadiense es sustituido por los de la ciudad de la eterna fábrica, donde el único azul que se ve, es el del jersey del equipo local. Las construcciones llenan de polvo a una ciudad que todo el tiempo está arrumbada en una cómoda y sigue esperando ser rescatada de los hongos que comen libros. La reina que no deja de preguntarme:
Y con mi cansancio, no llego a más. El sueño ganó la batalla y yo en el piso. Los pies fueron los primeros en ceder. Mañana Lunes a hacer trampa y a usar el metro.
Mi fantasma recogió los pedazos de una ciudad que reconstruyo a diario en un juego de serpientes y escaleras. No así ayer en que fue constancia lo que me dejó en mi casa; casilla a casilla sin saltos en el tablero del flanêur, recorrí todos los pasos que se necesitaban para ir desde el mentado lugarcito de reunión de las juventudes alternativoactivodemocraticulturales, hasta la silente colonia Narvarte. El león de la estación Etiopía desde fuera visto, es el legado del pequeño desierto mental que acabo de recorrer ; pienso. La soledad del paseante y una cámara, en la mirilla de algún policía, taquero o asaltante es sin duda uno de los paisajes más comunes de soledad en las madrugadas y las juventudes de nuestro asfalto mexicano. Ya sea de la Roma a San Jerónimo cargando ataúdes y viniles, o desde Motolinía hasta Luz Saviñón con una réflex, el fantasma es el mismo. Es un mismo panfleto de necesidad que se entrega como postal post-borrachera a todo turista ajeno a las horas fiesta de una ciudad que no cesa de mostrar soledades. La perpetuidad de una caminata no esta en lo que se reflexiona, sino en las ampollas que eventualmente la banqueta nos marca como retratos de la necedad de no tomar un taxi. Ciento veinte probables pesos de charla sobre el descenso a la primera A o del clima los últimos días. . .
Mis pies aguardan el reposo y lo obtienen con el cd (que triste se ve lo anterior) recién quemado (aún peor) de una reina que ha muerto. Cambié de opinión respecto a qué quiero esuchar luego de pasear por la incontable cantidad de permisos de construcción otorgados por el delegado. El canadiense es sustituido por los de la ciudad de la eterna fábrica, donde el único azul que se ve, es el del jersey del equipo local. Las construcciones llenan de polvo a una ciudad que todo el tiempo está arrumbada en una cómoda y sigue esperando ser rescatada de los hongos que comen libros. La reina que no deja de preguntarme:
If you're so funny
Then why are you on your own tonight ?
And if you're so clever
Then why are you on your own tonight ?
If you're so very entertaining
Then why are you on your own tonight ?
If you're so very good-looking
Why do you sleep alone tonight ?
Y con mi cansancio, no llego a más. El sueño ganó la batalla y yo en el piso. Los pies fueron los primeros en ceder. Mañana Lunes a hacer trampa y a usar el metro.